martes, 11 de noviembre de 2014

Assassin's Creed Unity


Decía Napoleón Bonaparte que la Revolución Francesa fue producto de la vanidad, y que la libertad era solo un pretexto para actuar, una pantomima de panfleto que jugaba con la delicada situación de la época para elevar algún que otro ego. Muchos consideran la toma de la Bastilla como el hecho simbólico que representó la caída de un régimen déspota y autocomplaciente que había sostenido a toda Europa (e influenciado a todo el mundo) durante siglos, pero otros señalan que fueron las oligarquías financieras las que impulsaron la Revolución y se encargaron de su permanencia romántica en la historia, que todo, al fin y al cabo, no fue más que un negocio, como la crisis virtual que nos asola. Lo que realmente diferencia los hechos de 1789 de los demás sucesos históricos similares es que nada quedó al azar, que fue un proceso consciente que creó el clima adecuado durante los años previos a su estallido con la Ilustración .
Y es simbólico que Unity se centre en la Revolución Francesa porque Ubisoft - que son franceses, por cierto - quiere que represente la culminación de una fórmula que se ha ido perfeccionando durante años, y que ahora decide volver a tomar las riendas de su identidad y de su propio futuro. Quizá la compañía también haya pecado de vanidad y de arrogancia con Assassin's Creed, una serie que ha confiado firmemente en unos preceptos inamovibles para seguir gustando a su público y que lleva, ojo, ocho entregas principales y más de cinco spin-offs vendiendo lo que no está escrito. Unity no es como la Revolución que recrea, pero subvierte un poco el orden al que estábamos acostumbrados para darnos algo más genuino y devolvernos al origen de las cosas.

Assassin's Creed Unity sigue siendo un Assassin's Creed, y sigue arrastrando todas esas cosas buenas y no tan buenas que vienen siendo marca de la casa desde hace ya siete años. Pero, quizá por el cambio generacional. El
combate ahora es lento, más físico y pesado, y es más complicado detener las embestidas de los enemigos, así que evitar líos y salir corriendo es una opción mucho más necesaria. El sistema de progresión es especialmente interesante porque aunque podemos personalizar a Arno desde el principio las opciones del inventario se van desbloqueando a medida que avanza el desarrollo de la historia, así que es importante - necesario, vaya - realizar actividades secundarias y misiones cooperativas para ganar dinero y puntos con los que actualizar nuestro armario y nuestras habilidades. Unity no tiene un árbol de habilidades como tal, sino que cuenta con distintos menús en los que podemos aprenderlas en el orden que elijamos. Esas opciones, junto con las cuatro especializaciones disponibles (a distancia, pesado, cuerpo a cuerpo y salud) y una cantidad considerable de atuendos, que a su vez pueden potenciar dichas habilidades, nos permiten crear nuestra propia versión de Arno centrándonos en aquello que mejor se nos da. También hay un nuevo tipo de potenciadores para el modo cooperativo que pasan por compartir la vista de águila o curar al grupo, y que son especialmente importantes ya que la primera ahora es limitada y no podemos usarla de una forma tan asidua como en las anteriores entregas.

Es un juego mucho más exigente que, por ejemplo, la denostada tercera entrega o el divertido Black Flag, pero eso no quiere decir que no sea accesible: es relativamente fácil alcanzar un nivel aceptable en relativamente poco tiempo.

El modo cooperativo es uno de los añadidos más importantes de Assassin's Creed Unity, y es muy divertido unirse a hasta cuatro amigos más para cumplir misiones que giran alrededor de los típicos objetivos de asesino - robar algo, matar a alguien, infiltrarte en algún sitio - pero que tienen un valor añadido porque podemos coordinarnos y preparar estrategias junto a más gente.
En general están muy bien diseñadas y ofrecen algunos de los mejores momentos del juego, pero claro, siguen pecando de las típicas frustraciones que en ocasiones genera el control en el modo sigilo y el parkour.

Los escenarios están mucho más trabajados y ofrecen distintas rutas para llegar a nuestro objetivo. Unity te da las herramientas, y de ti depende cómo usarlas.

Hay mecánicas nuevas que no son tantas ni quizá tan nuevas como sería necesario, y al fin y al cabo no deja de ser un Assassin's Creed de toda la vida más grande y mucho más bonito.

El objetivo, era regresar a lo que originó la franquicia. Assassin's Creed Unity es muy entretenido y ofrece horas y horas de contenido secundario en el mejor y más vivo escenario de toda la serie, y los cambios realizados, como el descenso rápido por las fachadas o el combate más pausado, son notables por ser nuevos, pero en ningún momento marcan el camino a seguir ni acarrean con el peso suficiente. Quizá el mayor halago que se le puede dedicar a Unity es que su recreación de la París del siglo XVIII es impecable, pero es un piropo con doble filo: cuando contemplas cómo la luz del amanecer baña con su brillo la enorme fachada de la catedral de Notre Dame mientras el eco de la marabunta resuena alrededor, sabes que estás ante algo grande, pero también que todo lo demás quedará inevitablemente en un segundo plano.